miércoles, 8 de mayo de 2013

UN LAGO VS. EL HOMBRE MÁS RICO DEL MUNDO

Fuente de Sin Embargo: http://www.sinembargo.mx/07-05-2013/610646

Un esfuerzo titánico que beneficiará a las empresas de Slim. Foto: Rebeca Argumedo

Los campesinos de San Andrés Mixquic lo vieron formarse hace unos 25 años. Primero como un espejo de agua sobre lo que hasta entonces eran los pastizales del antiguo ejido de Tláhuac. Luego, con los años, como un lago cada vez más profundo y extendido.

En la zona rural del Distrito Federal se le conoce como laguna de Tláhuac y en el Estado de México como laguna de Xico, pero una investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) indica que es el antiguo lago de Chalco, “reapareciendo” sobre la que hoy es la parte más hundida de la cuenca que ocupó hasta que fue drenado hace un siglo.

En la zona rural del Distrito Federal se le conoce como laguna de Tláhuac y en el Estado de México como laguna de Xico, pero una investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) indica que es el antiguo lago de Chalco, “reapareciendo” sobre la que hoy es la parte más hundida de la cuenca que ocupó hasta que fue drenado hace un siglo.


El hundimiento y el lago, según la UAM, surgieron por la extracción de agua subterránea en ese súper poblado límite entre el DF y el Estado de México; depresión que también ha sido la causa de las fracturas en el canal que drena la zona -de la Compañía- y cuyas viejas paredes cedieron en 2000, 2010 y 2011 y dejaron a miles de familias bajo una laguna de agua negra y lluvia.

De seguir la extracción y el hundimiento, advierte la UAM, el lago podría superar las mil hectáreas en 2015 y ampliar el riesgo a otras 170 hectáreas altamente pobladas.

Pero el lago, encontró también la investigación, podría al mismo tiempo ser la solución del problema. La idea: profundizar su vaso otros 6.5 metros y reorientar hacia él los caudales que a la fecha son expulsados artificialmente de la cuenca.

La investigación de la UAM se convirtió en 2010 en el Plan Hídrico de la Comisión de Cuenca de los Ríos Amecameca y la Compañía, que está formada por 25 instancias civiles y gubernamentales y facultada por la Ley de Aguas Nacionales para garantizar la participación ciudadana en las decisiones de obras hidráulicas.

Con esa investidura, el proyecto fue presentado desde su culminación a diferentes autoridades de Conagua. Pero la dependencia, narran los autores de la investigación, hizo caso omiso y decidió concentrar el dinero para obras en el Valle de México en un sistema de túneles gigantescos que, cuestiona la UAM, perpetúan la “exportación” del agua que hace décadas rebasó los límites de lo sustentable.

Y mientras al proyecto de un nuevo lago presentado por la sociedad civil se le han negado 10 mil 744 millones de pesos, a la construcción de mega-ductos se le ha destinado casi tres veces ese monto: 34 mil millones de pesos.

El destino de la ruta de obras de Conagua: la Planta Tratadora Atotonilco, que desde 2010 construye en Hidalgo un grupo de empresas encabezado por Grupo Carso, de Carlos Slim; consorcio que también colectará, tratará y distribuirá más del 90 por ciento del agua residual y pluvial del Valle de México durante los próximos 25 años.

Las inversiones, de acuerdo con Conagua, se justifican con la decisión tomada desde la presidencia de Felipe Calderón de aumentar la capacidad de drenaje y proteger a la capital mexicana.

“Hemos urbanizado donde antes se acumulaba el agua y entonces no hay sitios dónde guardarla. A cambio de eso, estamos favoreciendo que el agua siga saliendo al norte (Hidalgo), donde le damos un tratamiento y la mandamos al riego”, dice Rafael Carmona, gerente de ingeniería de proyectos especiales de Conagua.

Para la coordinadora de la investigación de la UAM, sin embargo, el plan de obras del gobierno federal es en realidad una estrategia para poner en manos de particulares un recurso vital y estratégico para el Valle de México.

“Se le está permitiendo la concesión a largo plazo de las aguas residuales del Valle de México a un particular. No imaginamos lo que significará que este bien común, esencial para la vida misma, esté en manos privadas durante las décadas que vienen”, advierte Elena Burns.

¿Por qué no aprovechar estas aguas en la propia cuenca, dado que estamos enfrentando una escasez extrema?”, cuestiona la coordinadora de la investigación de la UAM.

“CAMPAÑA DE PÁNICO”

El asesor en materia de gestión de agua de la bancada del PRD en la Cámara de Diputados, Miguel Ángel Montoya,  dice recordar cómo el gobierno de Felipe Calderón mantuvo una campaña “para sembrar el pánico de una inundación” de grandes proporciones en la Ciudad de México.

El agua pluvial, insistía el gobierno federal, podría alcanzar puntos clave de la capital mexicana, como el Aeropuerto Internacional o el Centro Histórico. El argumento, recuerda Montoya, citaba la posibilidad de una falla en el Túnel Emisor Central, un mega-ducto subterráneo que expulsa el drenaje del DF y cuyo mantenimiento fue puesto en duda por la dependencia federal.

“Pero el gobierno del Distrito Federal demostró que el Emisor Central –con capacidad para sacar 120 toneladas de lluvia por segundo más 40 de agua negra- estaba funcionando y que no había riesgo de una falla estructural”, dice Montoya.

“Conagua, sin embargo, lo que buscaba era inducir en la opinión pública la necesidad de construir esas obras”, agrega.

En ese contexto, el 3 de septiembre de 2008, Conagua convocó de manera extraordinaria a su comité de adquisiciones para aprobar el contrato para diseñar y construir el Túnel Emisor Oriente (TEO), otro mega-ducto subterráneo de 63 kilómetros de largo y siete metros de diámetro, o de la altura de un edificio de tres pisos.

Pese al costo de la obra, el representante de Conagua, José Ramón Ardavín, planteó ante el comité la necesidad de exceptuar la licitación pública y, en cambio, asignar el contrato de manera directa a un consorcio encabezado por Grupo Carso.

La justificación para no licitar expuesta por Conagua, de acuerdo con el acta de la sesión, fueron los “riesgos de alteración en el orden social, la economía, los servicios públicos y la seguridad de la región” previstos en la Ley Federal de Obras Públicas, ya socializados entre la población y no discutidos en el comité.

Así, el grupo de empresas que después se denominaría Comissa –integrado también por ICA, Lombardo Constructores y Constructora Estrella- ganó de manera directa la asignación de una obra cuyo costo se estimaba entonces en 12 mil millones de pesos y era considerada una de las “más grandes del mundo”.

El contrato para construir la planta tratadora en Atotonilco le fue asignado a Carso –que formó Agua Tratada del Valle de México- dos años después, el 7 de enero de 2010. Y el 24 de septiembre de 2012, obtuvo otro para construir la Planta Tratadora de Aguas Residuales Caracol, en el norte del ex lago de Texcoco.

En el caso de las dos plantas tratadoras, las concesiones se otorgaron con la figura de “Diseño, Construcción, Operación y Transferencia”, lo cual le permite a Carso controlar el recurso hídrico durante los próximos 25 años.

Conagua denomina a su conjunto de obras “Plan de Sustentabilidad Hídrica de la Cuenca del Valle de México”, y en la publicidad oficial asegura que la prioridad es “recuperar los mantos acuíferos” y “buscar nuevas fuentes de abastecimiento”.

Pero la ruta de las obras en los diferentes mapas, en contraste, muestra que la totalidad del trabajo está diseñado para mantener la expulsión de aguas hasta la nueva planta de Tratamiento en Atotonilco (VER GRAFICO ABAJO).

La succión, de acuerdo con los mapas, inicia en el Valle de Chalco, con la construcción de diferentes adecuaciones al viejo Canal de la Compañía, el cual está cada vez más inclinado debido a un hundimiento en el suelo de hasta 40 centímetros por año, el más acelerado de todo el Valle de México.

Para proteger el tramo más fracturado de este caudal, Conagua terminó a finales de 2010 un túnel subterráneo y, en marzo de 2011, la planta de bombeo La Caldera, en cuya inauguración Calderón aseguró que no habría más inundaciones.

El canal, sin embargo, volvió a romperse el mes siguiente y, ante el fracaso del túnel y del bombeo, Conagua decidió construir otro ducto (llamado “de estiaje”) para garantizar que, por ahí, por el canal o por el túnel, el agua residual y de lluvia saliera de Chalco.

De La Caldera, el agua solía seguir su camino hacia la zona del ex lago de Texcoco; pero, a partir de este mayo –informó Rafael Carmona- el Canal de la Compañía será interceptado al cruzarse con el Río de los Remedios y, en dirección de Texcoco a Ecatepec, enviará el agua a la entrada del primer tramo del TEO.

Diez kilómetros al norte, en el otro extremo del ex lago de Texcoco, una nueva planta de bombeo “levantará” el agua y la colocará en el Gran Canal del Desagüe, construido desde 1900 y cuyo cauce, informó Carmona, disminuirá cinco veces cuando empiece a operar el TEO.

El TEO, a su vez, funcionará de manera alterna con el Túnel Emisor Central y ambos concluirán en la Planta de Atotonilco, prevista para estrenarse en 2014.

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“QUEBRANTO AL ERARIO”

Además de poner en manos privadas el privilegio de controlar casi el total del agua residual y pluvial del Valle de México, las obras del plan de Conagua se están convirtiendo lo que un análisis financiero de Montoya considera un probable “desfalco” a la hacienda pública.

Primero, advierte la revisión, el costo del TEO aumentó casi un cien por ciento entre el año del contrato y 2013, cuando el precio reportado por Conagua aumentó a 20 mil 388 millones de pesos.

El avance del trabajo, dice Montoya, presenta además severas inconsistencias entre los reportes de la administración calderonista y la de Enrique Peña Nieto, ya que mientras el ex director de Conagua, José Luis Luege, dijo en 2012 que la obra iba en un 55 por ciento, el nuevo titular, David Korenfiel, dijo ante una comisión de diputados que era de un 26 por ciento.

De acuerdo con Montoya, y debido a que la obra fue ya revisada por la Auditoría Superior de la Federación, todo indica que “las bitácoras presentadas a la entidad revisora fueron falseadas a efecto de simular mayores avances”.

Mientras que los sobreprecios asociados a una mayor celeridad de las obras de construcción del TEO, agrega el análisis, “representan un quebranto a la hacienda pública de la federación”.

Cuestionado al respecto, Carmona explicó que el 26 por ciento es el avance en la excavación del TEO mientras que el 55 por ciento es el avance global del proyecto, que incluye obras adicionales.

El funcionario explicó también que el esquema de construcción y operación con el que se concesionaron las plantas de tratamiento se pagarán con los recursos que la federación le entregue a Carso a cambio de que trate el agua.

Los 20 mil millones que está costando el TEO, en cambio, se están pagando con recursos de la Secretaría de Hacienda y con el dinero que los usuarios del DF y del Edomex pagan a Conagua por el derecho al líquido.

En ambos casos, concluye Montoya, el gobierno federal está subsidiando una inversión privada de grandes dimensiones con dinero público. 

“Es un gran negocio para exportar el agua de la cuenca y entregarle el monopolio de su tratamiento a Slim”, dice.

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“ÓRDENES DEL PRESIDENTE”

Burns recuerda que, después de la segunda ruptura del Canal de la Compañía, en febrero de 2010, el Consejo de Cuenca del Valle de México decidió apoyar el plan de profundizar el lago de Chalco y conducir hacia él las ya incontrolables aguas del antiguo ducto.

El proyecto, agrega, fue presentado en diferentes ocasiones a funcionarios de Conagua, incluyendo Luege, sin que se lograra obtener financiamiento ni para el proyecto ejecutivo.

La última ocasión en que los defensores de guardar el agua hablaron con Luege, dice Burns, fue después de la tercera inundación, en abril de 2011.

En esa ocasión, cuenta la investigadora, se le planteó que, en lugar de continuar forzando el Canal de la Compañía a vencer la inclinación y sacar el agua de Chalco, mejor ésta se tratara en una planta local que luego distribuyera el líquido en la misma zona.

Pero Luege, dice Burns, insistió en que la Conagua mantendría su plan emergente de construir un “ducto de estiaje” para garantizar que el agua llegara hasta el TEO.

“Se le mostró que era más barato, seguro y sustentable tratar, reusar e infiltrar las aguas residuales del suroriente de la cuenca, que seguir exportándolas vía un nuevo ‘ducto de estiaje’ que expulsaría el agua por bombeo en contrapendiente vía canales abiertos”, dice Burns.

“Pero, al final de tres horas de reunión, el ingeniero Luege concluyó que la planta tenía más ventajas y menos costo que el ducto, pero insistió en que ‘por órdenes del presidente’ (Calderón) se utilizaría el recurso disponible para construirlo”, agrega. 

Para Burns, el desfalco que se pueda estar generando en la construcción de las mega-obras es sólo un árbol en el bosque de desequilibrios ecológicos que implica la exportación y apropiación privada de un recurso vital como el agua. 

“El agua entubada es agua controlable, privatizable y de lucro. Estos macro-tubos son síntoma de que estamos causando desequilibrios en los otros sistemas que nos dan el agua”, dice.

EL SLIM DEL PORFIRIATO

El control privado sobre las aguas de lluvia no es novedad en Chalco. Ubicado en el extremo de suroriente de la cuenca del Valle de México, el lago se formó por milenios con el agua dulce que brotaba en la parte baja luego de infiltrarse en los volcanes. El ciclo, sin embargo, terminó en 1895, cuando una concesión de Porfirio Díaz permitió a un empresario drenar el lago por completo.

Los relatos históricos identifican al particular como el hacendado español Iñigo Noriega, quien gracias a la concesión presidencial concluyo en 1900 la excavación del Canal de la Compañía para desaguar 10 mil hectáreas.

Con la obra, narra el libro “Tres Días de Una Revuelta”, Noriega se hizo millonario al cultivar la tierra que quedó en el lecho seco y que sumó a su Hacienda de Xico. Pero el drenado, cuenta por separado el plan de la UAM, modificó para siempre el paisaje en Chalco y despojó de su modo de vida a miles de personas que vivían del cultivo.

Noriega perdió su hacienda al final de la Revolución Mexicana y la tierra fue repartida en ejidos. La urbanización de mediados de los años 70, sin embargo, convirtió la zona en periferia de la Ciudad de México y el viejo vaso del antiguo lago de Chalco se llenó de colonias informales.

El gobierno federal construyó entonces, en 1986, una batería de pozos de extracción de agua cuya operación produjo en Chalco el dramático hundimiento de 13 metros en los últimos 25 años, o todo lo que se ha hundido el Zócalo en un siglo. 

La razón por la que ese valle se hunde más rápido que el Zócalo, explica la investigación de la UAM, es que ahí la capa de suelo poroso y comprimible es de 300 metros, 10 veces más profunda que los 30 metros de arcillas que hay en el Centro Histórico. 

Y a ese ritmo, el agua pluvial acumulada sobre el ejido de Tláhuac pasó de 290 hectáreas en 2003 a 560 en 2009; o al tamaño de unas 40 canchas de futbol.

“AGUA CONTROLABLE”

Además de revertir los hundimientos y las inundaciones en el Valle de Chalco, el plan del nuevo lago busca mostrar que existen alternativas más baratas y sustentables para controlar el agua de lluvia que seguir expulsándola. 

“El nuevo lago permitiría almacenar y potabilizar las aguas de lluvia, que desde la Colonia han sido tratadas como enemigas”, dice Elena Burns. 

“Y representaría también un paso importante hacia un cambio de fondo en la gestión del agua en el Valle de México, para empezar a aprovechar las aguas de la cuenca en la propia cuenca, en vez del modelo actual, basado en la sobre-extracción, importación y exportación, con costos ambientales, sociales y económicos cada vez mayores”, agrega. 

La investigación de la UAM concluyó que el agua de lluvia que se capta en esa zona suroriente del Valle de México sería suficiente para revertir la dinámica de sobreexplotación de los acuíferos y garantizar el abasto de “agua para todos”. 

El proyecto es retener y aprovechar las 176 millones de toneladas anuales de aguas residuales y pluviales que actualmente se exportan y, así, invertir la dinámica actual de extracción-hundimiento e inundación y, en su lugar, restaurar los acuíferos y guardar y reusar el recurso.
A lo largo de sus 240 páginas, y así como cuestiona la exportación de agua, la investigación coordinada por la UAM insiste en la necesidad de valorar la lluvia como la única fuente renovable de este indispensable bien natural. 

“El agua es un recurso en tránsito. Llega como lluvia, escurre, se acumula en lagos, acuíferos o el océano y, finalmente, se evapora para iniciar su ciclo de nuevo. Si logramos una relación armoniosa con estos ciclos en nuestra cuenca, tendremos agua limpia, siempre”, dice. 

“Mantener la política de expulsar el agua a través de túneles provoca las inundaciones y los hundimientos que además deforman los ductos”, agrega. 

Burns menciona que tan sólo sacar el agua de Chalco con el bombeo de la planta La Caldera requiere de 122 toneladas de diesel al día. 

Y este consumo de combustible, agrega el plan, es cada vez más caro, produce gases con efecto invernadero y, éstos, el deshielo en los volcanes y, al mismo tiempo, ‘picos’ de lluvia cada vez más arrasadores.

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“NO LES IMPORTA LA GENTE”

Miles de personas del municipio del Valle de Chalco saben exactamente a qué se refiere la UAM cuando llama “catastróficas” a las consecuencias de negar al agua un lugar natural en la cuenca. 

Despertar una madrugada de junio de 2010 por el sonido de altavoces de policías que recorrían las calles para advertir que se había roto el Canal de la Compañía, por ejemplo, marcó a María Esperón, de 47 años.

“Nos avisaron como a la una de la madrugada. Luego tratamos de irnos, pero sólo pudimos avanzar dos cuadras. El agua negra iba subiendo gradualmente, de un metro a unos cuatro para cuando volvimos. Tuvimos que subirnos al techo”, dice Esperón, cuya vivienda está ubicada a pocos metros del Canal de la Compañía. 

“Se siente sólo impotencia, de ver todo el patrimonio bajo el agua negra. Esa vez la casa duró 20 días inundada. Tuvimos que ir a un albergue”, agrega. 

Además de comprender por qué su madre, que ya había vivido la inundación de junio de 2000, se ponía tan nerviosa al ver el cielo nublado, Esperón comprendió también que no podía quedarse sin tomar medidas. 

Así, de junio de 2010 a febrero de 2011, se inscribió en un diplomado en “Hundimientos, inundación y gestión de aguas subterráneas” organizado por la parroquia local, de San Ignacio de Loyola, y se familiarizó con los términos técnicos y principios ambientales del Plan Hídrico elaborado por la UAM. 

“Comprendí que la mentalidad de las obras de Conagua es obsoleta, y que el problema es mantener la extracción de agua”, dice.
Del puente sobre la entrada al Túnel de la Compañía –sobre el que con seguridad advierte que “no va a durar ni 10 años”- Esperón conduce a la vivienda de sus padres, ubicada en la calle Eva Sámano, en la colonia El Triunfo, a unos metros del problemático caudal. 

Ahí, la velocidad con la que se está hundiendo el Valle de Chalco es visible en la altura de la chapa de la puerta principal, la cual queda ahora a unos 20 centímetros del suelo debido a que éste ha recibido tres capas adicionales de concreto para salvar el descenso. 

Las marcas del agua negra en las paredes fueron borradas con pintura para evitar mayores depresiones a su madre, pero Esperón las preservó en decenas de fotografías que guarda en su computadora portátil. 

Las evidencias y el conocimiento que adquirió Esperón sobre el tema fueron parte de la demanda que ella y otras 800 familias afectadas por Conagua interpusieron en 2011 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 

“Tenemos que involucrarnos, porque las autoridades nunca toman en cuenta a los ciudadanos para construir sus obras. Todo esto nos afecta”, explica.
En el otro lado de la zona lacustre, en el ejido de San Andrés Mixquic, el campesino Fernando Núñez, de 54 años, dice recordar los años en los que se empezó a acumular el agua en donde antes recogían el rastrojo para el ganado. 

“Pero de pronto ya no podía uno caminar, que porque había una laguna”, dice. 

Veinticinco años después del repentino surgimiento del manto de agua, Núñez dice haber ido hace unos dos años a una reunión ejidal en la que se habló de la idea de profundizar el vaso del lago. 

Rodeado en la entrevista por los campos de calabaza y espinaca que cultiva, Núñez dice que la medida les pareció viable a los ejidatarios, debido a que el agua de lago permenece inútil mientras ellos, que riegan con agua residual del Cerro de la Estrella empezaron a sufrir sequía. 

“Yo pensé que sería una idea formidable porque el modo de vida de uno depende del agua”, dice.

“Y antes no había sequía –agrega-, pero ya han pasado años con hasta 15 o 20 días en los que no hay agua en ningún lado, nomás esa agua de enfrente, en el lago, que no se usa”.

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