WASHINGTON, DC. -- ¿Quieren
los mexicanos más empleos? ¿Que más empresas transnacionales maquilen sus
productos en suelo azteca y ya no en tierras chinas? Entonces debewalmartizarse la relación trabajo – capital y, más
aún, debe allanarse el camino para que los sindicatosblancos de Estados Unidos y Canadá tengan
“sucursales” en México.
A ello tiende la llamada Reforma Laboral atorada –otra vez-- en
el Congreso mexicano, gracias en buena medida a la labor de presión y cabildeo
que organizaciones como la AFL-CIO –la central obrera más poderosa de Estados
Unidos-- han desplegado sobre diputados y senadores.
Ubicado su cuartel general a espaldas de la Casa Blanca, plaza
Lafayette de por medio, desde ahí se despliegan las acciones de la Federación
Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO,
por sus siglas en inglés) para evitar que el proyecto neoliberal que tiende a
desproteger a los trabajadores triunfe en nuestro país.
Se trata de hacer triunfar y prevalecer el modelo no sindical
que impera en la cadena Wal Mart, donde los trabajadores son “asociados” y por
ende carecen de cualquier conquista laboral o, incluso, del disfrute de sus más
básicos derechos humanos.
